¿Cómo se catalogan los planetas debido a la actividad biológica?

Actualmente, la tasa de descubrimiento de planetas es mucho más alta de lo que era hace sólo unos años atrás y alguno de los planetas que van descubriéndose podrían albergar vida, lo que incluiría a seres inteligentes con tecnología avanzada.

Desde hace varias décadas se viene empleando una escala basada en la cantidad de energía que los habitantes de un planeta serían capaces de aprovechar, llamada escala Kardashev (nombre deriva del de Nikolai Kardashev, astrofísico ruso). Utiliza el uso de energía como indicador del grado de progreso tecnológico de una civilización, y clasifica a las hipotéticas civilizaciones del universo en una de tres categorías:

  • Una civilización de Tipo 1, todavía un objetivo distante para la Tierra, utiliza toda la energía que llega a su planeta procedente de su estrella anfitriona (en nuestro caso, el Sol).
  • Una civilización de Tipo 2 es capaz de usar toda la energía emitida por su estrella y sistema planetario.
  • Una civilización “superavanzada”, de Tipo 3, es capaz de aprovechar toda la energía de su galaxia.

La escala se ha mantenido durante décadas como un sistema de clasificación o patrón estándar a la hora de especular sobre “exocivilizaciones”. No tiene en cuenta, cómo una civilización afecta a su vez a su planeta cuando recolecta y usa energía.

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Planeta de Clase V
Esta omisión es cada vez más importante porque, en estos 50 años desde que Kardashev propuso su sistema de clasificación, se han ido acumulando pruebas de que nuestra civilización industrial, con un gasto intensivo de energía, está afectando a nuestro planeta. Entonces, ¿pueden los planetas y las civilizaciones coexistir a largo plazo? Y si es así, ¿cómo?Por eso se ha diseñado una nueva forma de clasificación de civilizaciones de acuerdo a su grado de progreso tecnológico. En el nuevo sistema los criterios de catalogación se basan en la idea de que una civilización debe alcanzar un consumo sostenible de recursos y lograr que su influencia sobre el medio ambiente no sea negativa. Dicho de otro modo, no importa tanto cuánta energía consume una civilización sino de qué manera lo hace.Con esta nueva escala, los investigadores determinaron que, para poder sobrevivir a largo plazo, una civilización debe aprender a hacer un uso sostenible de energía, o se arriesga a su desaparición (como en nuestro caso). El nuevo sistema de clasificación sobre la presencia de vida inteligente y el uso de energía por esta consta de cinco niveles:

  • Clase I: Planetas sin atmósfera. La capacidad del planeta para cambiar y evolucionar hasta un ambiente que permita la vida está severamente limitada. Ejemplo: la Luna.
  • Clase II: Planetas con atmósferas pero sin formas de vida. Ejemplos: Venus y Marte.
  • Clase III: Planetas con una delgada biósfera que podría sostener cierta actividad biológica, pero esto no afecta al planeta como un todo. No existen actualmente ejemplos de planetas de Clase III. Sin embargo, hace 2.500 millones de años, la Tierra, antes de que ciertas formas de vida enriquecieran con oxígeno su atmósfera, debió ser un mundo de esta clase.
  • Clase IV: Planetas con una espesa biosfera afectando fuertemente al flujo de energía. Ejemplo: la Tierra actual.
  • Clase V: Planetas en los cuales una especie tecnológica con un uso intensivo de energía establece una forma sostenible de cooperación con la biosfera que incrementa la productividad de ambas. En estos planetas la civilización mejora la capacidad de la biosfera de innovar y evolucionar.
Planeta de Clase IV

La Tierra podría alcanzar la Clase V en el futuro si la humanidad consigue avanzar hasta recolectar energía en formas como la solar, que no dañan la biosfera; aunque  no se concluye que existan actualmente civilizaciones extraterrestres avanzadas en nuestra galaxia, trabajos anteriores sugieren que es probable que estas hayan existido en algún momento de la historia cósmica.

¿Y qué aspecto podría tener un planeta de Clase V? Hay varias posibilidades, en el caso de la Tierra, por ejemplo, habría que convertir en “verdes” masas terrestres desérticas grandes, como el Sahara, en las que habría que encontrar modos de plantar árboles que absorberían el carbono y liberarían oxígeno; o se podrían crear árboles modificados genéticamente con hojas fotovoltaicas que convirtiesen la energía del Sol en electricidad.

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Fuente.

Post Author: Matias Olate

22 años. Futuro Geólogo. Divulgador científico. Estudiantes de Ciencias en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNCuyo. Escritor, un libro en mi haber y dos en proceso. Locutor en Radio Nacional Malargüe. Programador Júnior en Java (muy junior). Community Manager en Planetario Malargüe. Capacitador básico en Ciencias Exactas en el Planetario Malargüe. Guía de Sitio. 02/11/95

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