Es posible hacer un telescopio del tamaño de un planeta.

Nuestra atmósfera de la Tierra se comporta como una lente, por ejemplo, cada vez que vemos el Sol ponerse tras el horizonte en realidad ya hace un rato que está debajo del mismo. Lo que sucede es que la refracción de la luz permite que sigamos viéndolo. ¿Qué pasaría si usásemos toda la atmósfera de la Tierra como una gigantesca lente?

Si ese fuera el caso, la luz se concentraría en un punto focal fuera de nuestro planeta. Un telescopio equivalente a un planeta entero, nada más y nada menos.

Esta idea fue concebida por el astrónomo David Kipping, quien lo denomina “terrascopio”. Él, y otros astrónomos antes que él, analizaron el problema y llegaron a la conclusión de que es imposible usar la atmósfera de la Tierra como una enorme lente.

Esquema del funcionamiento del Terrascopio para una longitud de onda determinada y un detector de diámetro W (David Kipping).

Entre los numerosos impedimentos tenemos que la refracción depende de la longitud de onda. Pero Kipping cree que hay posibilidades ya que el Terrascopio solamente serviría para longitudes de onda largas, es decir, a partir del rojo y el infrarrojo.

El segundo problema, es el punto focal. Para longitudes de ondas más cortas el punto focal estaría en la Tierra o demasiado cerca de esta. Una vez elegida la longitud de onda, las matemáticas nos dicen que, en realidad, más que de punto focal debemos hablar de línea focal, ya que existe una distancia mínima al foco y, a partir de ahí, vamos a tener sucesivos focos formando una recta.

Situación del foco del Terrascopio en función de la longitud de onda y la densidad de la atmósfera (David Kipping).

¿Cual seria el alcance practico del “terrascopio ?

La atmósfera de la Tierra no se extiende hasta el infinito. Hay una distancia máxima a partir de la cual ya no podremos usarla como lente. La distancia mínima es de unos 330 mil kilómetros (el 85% de la distancia a la Luna) y la máxima es de 1,5 millones de kilómetros, que es el límite de la Esfera de Hill de la Tierra (es decir, la frontera de su influencia gravitatoria).

Cuanto mayor sea la distancia del detector a la Tierra mejor, ya que así estaremos usando las partes más altas de la atmósfera como lente, donde hay menos presencia de nubes y vapor de agua, un compuesto que absorbe fuertemente la luz en el infrarrojo.

Los puntos de Lagrange, también denominados puntos L o puntos de libración.

Kipping estima que lo ideal sería situar un detector en el punto de Lagrange L1 del sistema Tierra-Sol (un punto que está precisamente en el límite de la Esfera de Hill), ya que la luz habrá pasado a través de la estratosfera, por encima de 13,7 kilómetros de altura, sobre casi todas las nubes. A esta distancia, las nubes solamente bloquearían el 8% de la luz estelar que pasaría por el Terrascopio.

Si hiciéramos una comparación para ejemplificar de manera más práctica, podríamos decir que es como si un telescopio de unos diez centímetros de diámetro tuviese la misma área efectiva que un telescopio de 40 metros de diámetro. O que un telescopio de un metro fuese equivalente a uno de 150 metros.

El terrascopio es realizable, al menos en hipótesis pero se deben analizar aún más variables. Mañana les hablare con mayor detalle acerca de ellos.

Fuente.

Post Author: Agustin Ollarce

29 años. Técnico Superior en Gestión Ambiental. Comunicador científico. Comentarista en Radio NARVI, Municipal Radio Malargüe FM 94.5.