Más de 15 toneladas de rocas espaciales caen a la Tierra cada año.

Agustin Ollarce

Muchas noches hemos vistos “estrellas fugaces”, ellas son simplemente partículas que se desintegran en las diferentes capas de nuestra atmósfera al ingresar debido a la fricción. Otro tipo de fenómenos son los que sobreviven a nuestra atmósfera y caen en la superficie. Pero no hay mayor razón para que se preocupen, ya que la mayoría de los meteoritos son realmente pequeños.


Mapa de la Antártida que muestra las zonas clave de varamientos de meteoritos (meteorite stranding zones ó MZS) utilizadas en este estudio.


Un promedio de 16 toneladas de rocas espaciales caen a la Tierra en un año, según una investigación centrada en meteoritos descubiertos en la Antártida, una ubicación donde el clima, la superficie blanca y el movimiento del flujo de hielo hace más fácil preservar y detectar estos objetos.

“La gran mayoría de los objetos que golpean la Tierra son realmente pequeños. Estamos hablando de objetos para los cuales, cuando golpean el suelo, los fragmentos suman más de 50 gramos. Por lo tanto, típicamente, 50 gramos a 10 kilos en total. Los objetos más grandes que esto son muy, muy poco frecuentes”.

Geoff Evatt, uno de los autores del estudio y matemático de la Universidad de Manchester.

La mayoría de rocas espaciales se desintegran al ingresar a la atmósfera. Meteoro sobre Groninga (Países Bajos) captado en 2009. Crédito de la imagen:  Robert Mikaelyan

El nuevo estudio publicado en la Revista Geology, ha permitido a los científicos extrapolar los datos y aplicarlos a un entorno global para revelar dónde caen realmente la mayoría de los meteoritos. Según la investigación, esto podría ayudar a crear un mejor plan de contingencia si una roca espacial amenazante se dirigía hacia la Tierra.

“Nuestro modelado también permite reevaluar el riesgo para la Tierra de los impactos de meteoritos más grandes: ahora un 12 por ciento más alto en el ecuador y un 27 por ciento más bajo en los polos que si el flujo fuera globalmente uniforme”. […] “Invertir la metodología proporciona una herramienta valiosa para planificar nuevas misiones de recolección de meteoritos a regiones no visitadas de la Antártida”.

Agrega Geoff Evatt.

Fuente.

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